Colombia
Noticias y Comunicados
Fotografía: EL JARDÍN - Maria Camila Tobón Gaviria - Álbum 2012 Revela Colombia

Noticias y Comunicados

El Carriel jericoano acompaña la vida

El Carriel jericoano acompaña la vida

“Soy paisa, aventurero y soñador tengo finca en el cielo y un negocio en el sol mi orgullo es mi ancestro montañero para todo soy bueno y en amores mejor”. Fue el bambuco ‘Muy antioqueño’, de Héctor Ochoa, que varias veces llegó a mi mente al caminar por cada uno de los rincones jericoanos, escuchar sus historias, compartir su alegría, responder a una cálida sonrisa, al tratar de aprenderme las letras de la música parrandera, reírnos con sus retahílas, comprobar eso del empuje paisa, contagiarnos del optimismo de sus habitantes, sentir su hospitalidad, recorrer las fincas cafeteras, ver a diario en el parque Reyes a sus lugareños orgullosos con el sombrero, poncho, zurriago e infaltable carriel. Porque si hay otro motivo de orgullo en Jericó es ser considerado el fabricante estrella del tradicional guarniel antioqueño, como lo llaman aquí. Sobre la calle del comercio se ubican las guarnielerías –talleres y almacenes donde se fabrica y comercializa este icono paisa– en las cuales se pueden observar diversos diseños, colores, tamaños y hasta el proceso de elaboración. John Jairo Agudelo, uno de los artesanos más reconocidos, nos invitó a su taller para mostrarnos el ‘paso a paso’ de la elaboración. Armado de su cuchilla (elemento esencial en su trabajo), un delantal y ofreciéndonos un café suave, empezó a contarnos parte de la historia. 

 

“El carriel llegó a Antioquia a finales del siglo XIX, a través de los colonizadores españoles que traían consigo un tipo de alforja para cargar. Los arrieros, debido a sus largas travesías, se percataron de que un elemento similar, pero adecuado a sus necesidades, podría ser de gran utilidad. Sus viajes a lomo de mula, las mercancías que debían transportar, las inclemencias del terreno y del clima, y sus más arraigadas costumbres, hicieron que al original bolso se le fueran agregando bolsillos –hasta llegar a 12– y tomara la forma redonda que lo ha caracterizado”, nos decía con marcado acento paisa. En él guardaban el dinero –a veces grandes sumas, debido a su actividad comercial–; una barbera, una peinilla, un pequeño espejo con tapa. Se imaginan ustedes esos largos viajes sin estos elementos, una odisea, nos decía John. Ellos también llevaban una vela de cebo para iluminar sus noches, un par de dados y el naipe para entretenerse; guardaban con recelo las cartas de amor de su pareja, y de vez en cuando sacaban de una de las secretas, un mechón de pelo de la novia atado con cinta color rosa y perfumada. No les podían faltar para casos de emergencia fósforos y una navaja capadora. Su fe hacía que llevaran amuletos y estampitas de la Virgen del Carmen, san Judas Tadeo y san Expedito, entre otros.

Ya entendimos el porqué de la cantidad de bolsillos y ‘secretas’, como se llaman esos espacios ocultos en su interior. Según Agudelo, el nombre de carriel se pudo derivar de dos palabras de origen extranjero: carry all (cargar todo), del inglés, y Cartier (cartera) en francés. Incluso el nombre de guarniel habla de su origen: bolso de cuero con varias divisiones que pende del cinto. Mientras va cortando el cuero y haciendo dobleces, nos muestra cada uno de los elementos de que consta el carriel que, nos dice, suman más de 100 piezas, todas elaboradas a mano. En un momento enciende La 12W 112 Singer, la máquina que llegó a Jericó en 1912 que utiliza para coser los ribetes que adornan y le dan forma al guarniel. Luego saca un carriel ya elaborado y nos muestra las cuatro divisiones que posee, los cinco fuelles, la lengüeta, la tapa y el delantero, para indicarnos los pasos que seguirá para este nuevo producto. Saca y escoge las argollas, cierres y remaches, mientras un empleado le ayuda con la fabricación de la reata. A uno de mis compañeros de viaje lo hace que se acerque a tomarle las medidas para definir el largo de la reata. Al final nos recuerda que para distinguir el carriel original debemos tener en cuenta que los colores tradicionales de sus ribetes son amarillo, verde y rojo, y que el cuero de pelo sobre el delantero (la parte que podría llamarse la fachada) es característico en el carriel jericoano. Este auténtico símbolo, que se usa sobre el lado derecho, ya que se supone el machete cuelga sobre el costado izquierdo, tiene además los tradicionales dos bolsillos privados y cuatro ‘secretas’, es reflejo del espíritu antioqueño. 

 

 

De ancestro montañero “Soy paisa, aventurero y soñador tengo finca en el cielo y un negocio en el sol mi orgullo es mi ancestro montañero para todo soy bueno y en amores mejor”. Fue el bambuco ‘Muy antioqueño’, de Héctor Ochoa, que varias veces llegó a mi mente al caminar por cada uno de los rincones jericoanos, escuchar sus historias, compartir su alegría, responder a una cálida sonrisa, al tratar de aprenderme las letras de la música parrandera, reírnos con sus retahílas, comprobar eso del empuje paisa, contagiarnos del optimismo de sus habitantes, sentir su hospitalidad, recorrer las fincas cafeteras, ver a diario en el parque Reyes a sus lugareños orgullosos con el sombrero, poncho, zurriago e infaltable carriel. Porque si hay otro motivo de orgullo en Jericó es ser considerado el fabricante estrella del tradicional guarniel antioqueño, como lo llaman aquí. Sobre la calle del comercio se ubican las guarnielerías –talleres y almacenes donde se fabrica y comercializa este icono paisa– en las cuales se pueden observar diversos diseños, colores, tamaños y hasta el proceso de elaboración. John Jairo Agudelo, uno de los artesanos más reconocidos, nos invitó a su taller para mostrarnos el ‘paso a paso’ de la elaboración. Armado de su cuchilla (elemento esencial en su trabajo), un delantal y ofreciéndonos un café suave, empezó a contarnos parte de la historia.

 

“El carriel llegó a Antioquia a finales del siglo XIX, a través de los colonizadores españoles que traían consigo un tipo de alforja para cargar. Los arrieros, debido a sus largas travesías, se percataron de que un elemento similar, pero adecuado a sus necesidades, podría ser de gran utilidad. Sus viajes a lomo de mula, las mercancías que debían transportar, las inclemencias del terreno y del clima, y sus más arraigadas costumbres, hicieron que al original bolso se le fueran agregando bolsillos –hasta llegar a 12– y tomara la forma redonda que lo ha caracterizado”, nos decía con marcado acento paisa. En él guardaban el dinero –a veces grandes sumas, debido a su actividad comercial–; una barbera, una peinilla, un pequeño espejo con tapa. Se imaginan ustedes esos largos viajes sin estos elementos, una odisea, nos decía John. Ellos también llevaban una vela de cebo para iluminar sus noches, un par de dados y el naipe para entretenerse; guardaban con recelo las cartas de amor de su pareja, y de vez en cuando sacaban de una de las secretas, un mechón de pelo de la novia atado con cinta color rosa y perfumada. No les podían faltar para casos de emergencia fósforos y una navaja capadora. Su fe hacía que llevaran amuletos y estampitas de la Virgen del Carmen, san Judas Tadeo y san Expedito, entre otros.

Ya entendimos el porqué de la cantidad de bolsillos y ‘secretas’, como se llaman esos espacios ocultos en su interior. Según Agudelo, el nombre de carriel se pudo derivar de dos palabras de origen extranjero: carry all (cargar todo), del inglés, y Cartier (cartera) en francés. Incluso el nombre de guarniel habla de su origen: bolso de cuero con varias divisiones que pende del cinto. Mientras va cortando el cuero y haciendo dobleces, nos muestra cada uno de los elementos de que consta el carriel que, nos dice, suman más de 100 piezas, todas elaboradas a mano. En un momento enciende La 12W 112 Singer, la máquina que llegó a Jericó en 1912 que utiliza para coser los ribetes que adornan y le dan forma al guarniel. Luego saca un carriel ya elaborado y nos muestra las cuatro divisiones que posee, los cinco fuelles, la lengüeta, la tapa y el delantero, para indicarnos los pasos que seguirá para este nuevo producto. Saca y escoge las argollas, cierres y remaches, mientras un empleado le ayuda con la fabricación de la reata. A uno de mis compañeros de viaje lo hace que se acerque a tomarle las medidas para definir el largo de la reata. Al final nos recuerda que para distinguir el carriel original debemos tener en cuenta que los colores tradicionales de sus ribetes son amarillo, verde y rojo, y que el cuero de pelo sobre el delantero (la parte que podría llamarse la fachada) es característico en el carriel jericoano. Este auténtico símbolo, que se usa sobre el lado derecho, ya que se supone el machete cuelga sobre el costado izquierdo, tiene además los tradicionales dos bolsillos privados y cuatro ‘secretas’, es reflejo del espíritu antioqueño. 

 

 

De ancestro montañero “Soy paisa, aventurero y soñador tengo finca en el cielo y un negocio en el sol mi orgullo es mi ancestro montañero para todo soy bueno y en amores mejor”. Fue el bambuco ‘Muy antioqueño’, de Héctor Ochoa, que varias veces llegó a mi mente al caminar por cada uno de los rincones jericoanos, escuchar sus historias, compartir su alegría, responder a una cálida sonrisa, al tratar de aprenderme las letras de la música parrandera, reírnos con sus retahílas, comprobar eso del empuje paisa, contagiarnos del optimismo de sus habitantes, sentir su hospitalidad, recorrer las fincas cafeteras, ver a diario en el parque Reyes a sus lugareños orgullosos con el sombrero, poncho, zurriago e infaltable carriel. Porque si hay otro motivo de orgullo en Jericó es ser considerado el fabricante estrella del tradicional guarniel antioqueño, como lo llaman aquí. Sobre la calle del comercio se ubican las guarnielerías –talleres y almacenes donde se fabrica y comercializa este icono paisa– en las cuales se pueden observar diversos diseños, colores, tamaños y hasta el proceso de elaboración. John Jairo Agudelo, uno de los artesanos más reconocidos, nos invitó a su taller para mostrarnos el ‘paso a paso’ de la elaboración. Armado de su cuchilla (elemento esencial en su trabajo), un delantal y ofreciéndonos un café suave, empezó a contarnos parte de la historia.

 

“El carriel llegó a Antioquia a finales del siglo XIX, a través de los colonizadores españoles que traían consigo un tipo de alforja para cargar. Los arrieros, debido a sus largas travesías, se percataron de que un elemento similar, pero adecuado a sus necesidades, podría ser de gran utilidad. Sus viajes a lomo de mula, las mercancías que debían transportar, las inclemencias del terreno y del clima, y sus más arraigadas costumbres, hicieron que al original bolso se le fueran agregando bolsillos –hasta llegar a 12– y tomara la forma redonda que lo ha caracterizado”, nos decía con marcado acento paisa. En él guardaban el dinero –a veces grandes sumas, debido a su actividad comercial–; una barbera, una peinilla, un pequeño espejo con tapa. Se imaginan ustedes esos largos viajes sin estos elementos, una odisea, nos decía John. Ellos también llevaban una vela de cebo para iluminar sus noches, un par de dados y el naipe para entretenerse; guardaban con recelo las cartas de amor de su pareja, y de vez en cuando sacaban de una de las secretas, un mechón de pelo de la novia atado con cinta color rosa y perfumada. No les podían faltar para casos de emergencia fósforos y una navaja capadora. Su fe hacía que llevaran amuletos y estampitas de la Virgen del Carmen, san Judas Tadeo y san Expedito, entre otros.

Ya entendimos el porqué de la cantidad de bolsillos y ‘secretas’, como se llaman esos espacios ocultos en su interior. Según Agudelo, el nombre de carriel se pudo derivar de dos palabras de origen extranjero: carry all (cargar todo), del inglés, y Cartier (cartera) en francés. Incluso el nombre de guarniel habla de su origen: bolso de cuero con varias divisiones que pende del cinto. Mientras va cortando el cuero y haciendo dobleces, nos muestra cada uno de los elementos de que consta el carriel que, nos dice, suman más de 100 piezas, todas elaboradas a mano. En un momento enciende La 12W 112 Singer, la máquina que llegó a Jericó en 1912 que utiliza para coser los ribetes que adornan y le dan forma al guarniel. Luego saca un carriel ya elaborado y nos muestra las cuatro divisiones que posee, los cinco fuelles, la lengüeta, la tapa y el delantero, para indicarnos los pasos que seguirá para este nuevo producto. Saca y escoge las argollas, cierres y remaches, mientras un empleado le ayuda con la fabricación de la reata. A uno de mis compañeros de viaje lo hace que se acerque a tomarle las medidas para definir el largo de la reata. Al final nos recuerda que para distinguir el carriel original debemos tener en cuenta que los colores tradicionales de sus ribetes son amarillo, verde y rojo, y que el cuero de pelo sobre el delantero (la parte que podría llamarse la fachada) es característico en el carriel jericoano. Este auténtico símbolo, que se usa sobre el lado derecho, ya que se supone el machete cuelga sobre el costado izquierdo, tiene además los tradicionales dos bolsillos privados y cuatro ‘secretas’, es reflejo del espíritu antioqueño. 

 

 

De ancestro montañero “Soy paisa, aventurero y soñador tengo finca en el cielo y un negocio en el sol mi orgullo es mi ancestro montañero para todo soy bueno y en amores mejor”. Fue el bambuco ‘Muy antioqueño’, de Héctor Ochoa, que varias veces llegó a mi mente al caminar por cada uno de los rincones jericoanos, escuchar sus historias, compartir su alegría, responder a una cálida sonrisa, al tratar de aprenderme las letras de la música parrandera, reírnos con sus retahílas, comprobar eso del empuje paisa, contagiarnos del optimismo de sus habitantes, sentir su hospitalidad, recorrer las fincas cafeteras, ver a diario en el parque Reyes a sus lugareños orgullosos con el sombrero, poncho, zurriago e infaltable carriel. Porque si hay otro motivo de orgullo en Jericó es ser considerado el fabricante estrella del tradicional guarniel antioqueño, como lo llaman aquí. Sobre la calle del comercio se ubican las guarnielerías –talleres y almacenes donde se fabrica y comercializa este icono paisa– en las cuales se pueden observar diversos diseños, colores, tamaños y hasta el proceso de elaboración. John Jairo Agudelo, uno de los artesanos más reconocidos, nos invitó a su taller para mostrarnos el ‘paso a paso’ de la elaboración. Armado de su cuchilla (elemento esencial en su trabajo), un delantal y ofreciéndonos un café suave, empezó a contarnos parte de la historia.

 

“El carriel llegó a Antioquia a finales del siglo XIX, a través de los colonizadores españoles que traían consigo un tipo de alforja para cargar. Los arrieros, debido a sus largas travesías, se percataron de que un elemento similar, pero adecuado a sus necesidades, podría ser de gran utilidad. Sus viajes a lomo de mula, las mercancías que debían transportar, las inclemencias del terreno y del clima, y sus más arraigadas costumbres, hicieron que al original bolso se le fueran agregando bolsillos –hasta llegar a 12– y tomara la forma redonda que lo ha caracterizado”, nos decía con marcado acento paisa. En él guardaban el dinero –a veces grandes sumas, debido a su actividad comercial–; una barbera, una peinilla, un pequeño espejo con tapa. Se imaginan ustedes esos largos viajes sin estos elementos, una odisea, nos decía John. Ellos también llevaban una vela de cebo para iluminar sus noches, un par de dados y el naipe para entretenerse; guardaban con recelo las cartas de amor de su pareja, y de vez en cuando sacaban de una de las secretas, un mechón de pelo de la novia atado con cinta color rosa y perfumada. No les podían faltar para casos de emergencia fósforos y una navaja capadora. Su fe hacía que llevaran amuletos y estampitas de la Virgen del Carmen, san Judas Tadeo y san Expedito, entre otros.

Ya entendimos el porqué de la cantidad de bolsillos y ‘secretas’, como se llaman esos espacios ocultos en su interior. Según Agudelo, el nombre de carriel se pudo derivar de dos palabras de origen extranjero: carry all (cargar todo), del inglés, y Cartier (cartera) en francés. Incluso el nombre de guarniel habla de su origen: bolso de cuero con varias divisiones que pende del cinto. Mientras va cortando el cuero y haciendo dobleces, nos muestra cada uno de los elementos de que consta el carriel que, nos dice, suman más de 100 piezas, todas elaboradas a mano. En un momento enciende La 12W 112 Singer, la máquina que llegó a Jericó en 1912 que utiliza para coser los ribetes que adornan y le dan forma al guarniel. Luego saca un carriel ya elaborado y nos muestra las cuatro divisiones que posee, los cinco fuelles, la lengüeta, la tapa y el delantero, para indicarnos los pasos que seguirá para este nuevo producto. Saca y escoge las argollas, cierres y remaches, mientras un empleado le ayuda con la fabricación de la reata. A uno de mis compañeros de viaje lo hace que se acerque a tomarle las medidas para definir el largo de la reata. Al final nos recuerda que para distinguir el carriel original debemos tener en cuenta que los colores tradicionales de sus ribetes son amarillo, verde y rojo, y que el cuero de pelo sobre el delantero (la parte que podría llamarse la fachada) es característico en el carriel jericoano. Este auténtico símbolo, que se usa sobre el lado derecho, ya que se supone el machete cuelga sobre el costado izquierdo, tiene además los tradicionales dos bolsillos privados y cuatro ‘secretas’, es reflejo del espíritu antioqueño. 

 

 

« Volver